Aquarela del Sol Padilla

Aquarela del Sol Padilla

Empecé a escribir porque tenía cosas que decir. Crecí en una familia de tres que luego fuimos cuatro. Una familia hermética, nómada, militante. Me enfada la injusticia y nací con cuerpo de niña, en un país condenado por el oro negro, partido por el hambre, el machismo y la violencia. Empecé a escribir como una especie de deuda con mi propia historia, con la historia de mi familia. Tenía cosas que decir y tengo. Para mí la poesía fue una forma de sacarme la rabia, para poner la piel en el entendimiento de un cuerpo de mujer dentro de un territorio saqueado por la avaricia, me ha sostenido el circulo de afecto que me arropó desde que nací como un signo de vida que no me abandona. Escribo con dolor, cuando termino un poema me queda una sensación de hueco, escribo y me siento vulnerable, pero cuando leo en voz alta me nace una fuerza que no es mía, que me toma. Quizás la poesía es mi forma de espiritualidad, mi forma de amar y condenar. A veces escribo desde mi cuerpo, que a penas conozco, lo libero, lo resignifico para sentirme menos aislada, para recuperar sonidos y texturas, olores que vienen conmigo. Garabateo un repicar de tambores para estremecerme hasta el llanto, narro el mordisco dulce de un mango sin hilachas, descalza frente a la inmensidad del mar caribe. Escribo porque soy un animal gregario con lenguaje. He publicado algunos poemas, escrito algunos guiones, participado en algunas revueltas.