EN EL CORAZÓN DE LA ARRITMIA

EN EL CORAZÓN DE LA ARRITMIA

Foto del autor Llego a Barcelona. Llego a Escudellers. Llego a Nou de Sant Francecs. Llego a La Macarena. Llego a mi trabajo. Llego al rincón del mundo en donde el destino me ha arrojado. La bella tela de araña en la que me agito sin sentido. La maldita rutina. No importa lo que les digan. No se dejen engañar. De día Barcelona no existe. Es un espejismo, un parque de atracciones para turistas de clase económica. Si quieren conocer Barcelona, la auténtica, sin maquillaje, sin costosos peinados turísticos, dense una vuelta por El Gótico luego...

El camino de los Waraira, sendero de leyendas

El camino de los Waraira, sendero de leyendas

Le llaman la Puerta de Caracas y hace honor a su nombre. Cuentan que los habitantes originarios, pertecientes al conjunto de los indios caribes, transitaban una pica o sendero mentado “La Culebrilla”, vía natural que conectaba al Valle de Los Toromaymas a través de la montaña con el Mar Caribe. Una de las leyendas dice que los españoles a través de gestos señalaban la tierra que pisaban para preguntar a los indios cómo se llamaba el lugar; los indios al ver las manos que interrogaban con una lengua nada conocida, veían en el terreno la pira o yerba Caracas (como...

A LA CAZA DEL DIVINO CARLOS

A LA CAZA DEL DIVINO CARLOS

Caracas, 25 de abril de 1935. La vieja locomotora fabricada por la Nasmyth, Wilson & Co., rechina y anuncia el esperado arribo de El divino Carlos a Caracas. A las afueras de la estación Caño Amarillo, la multitud aglomerada es controlada y reducida por los chácharos del gomecismo. La orden del dictador fue clara: “Toche, que la situación no se descontrole y se nos convierta en una protesta de comunistas” dijo frente al ministro del interior Pedro Rafael Tinoco Smith.Cercada por personas provenientes de todos los rincones de Caracas, la vieja estación del ferrocarril era, literalmente, una fiesta. Hacia una...

LA SUERTE EN EL PICO

LA SUERTE EN EL PICO

En los años 70 las plazas del centro de Caracas estaban repletas de vendedores de un sin número de cosas curiosas, aparte de los conocidos chicheros, perrocalienteros, vendedores de pinchos, dulcería criolla, melcocha, churros, suspiros, algodón de azúcar y pare de contar. A estos comerciantes se le sumaban otro tipo de singulares personajes como cantantes, predicadores, malabaristas, amoladores (a los que Aquiles Nazoa llamó bellamente hacedores de estrellas), zapateros, limpiabotas, fotógrafos de plaza con cámaras polaroid instantáneas con un pequeño caballito y un sombrero de charro, entre otros. Pero a mí el que más me llamaba la atención siendo tan...