Violinista

Violinista

Los gatos estaban hechos para tocar el violín, pero este gato de trapo apareció de repente. Tomó su violín y lo tocó con la más grande de las pasiones, las notas golpearon el aire para crear un gato de trapo como él, aun así, no dejó de tocar. El invitado observó con sus ojos brillantes los movimientos del que tocaba el instrumento y esbozó una sonrisa. El violinista terminó su pieza agotado y satisfecho con lo que había creado, sin demora le dio el instrumento al recién llegado y le estrechó la pata mientras desaparecía dejando al otro solo en...

Borrador automático

Dos talentos

El carruaje detiene la marcha mientras su ocupante baja. Los cascos de los caballos, al golpear sobre las piedras del camino, sacan chispas como el pedernal a la yesca. La noche es fría y hay mucha gente en la calle. Algunos van al teatro, otros a la ópera, y los más a la tertulia literaria en casa de la baronesa Stopper. El hombre de tricornio toca la aldaba de una casa rentada. La puerta se abre con resabios de galletas de mantequilla mordidas por chicos traviesos y glotones. ―Buenas noches –y el tricornio sale de su cabeza para deslizarse en...

En clave barroca

En clave barroca

Una vez el Libertador me pidió que bailara con él. Yo estaba nerviosa, claro, y hubiera preferido no hacerlo, pero era el Libertador, así que estiré mi mano hasta alcanzar la suya, él la sujetó con firmeza, pero sin hacerme daño y me guió hasta la zona de baile; luego de asegurarse de que yo tomara mi lugar en la hilera de las damas, tomó su lugar, frente a mí, en la de los caballeros. No pasó desapercibido para mí el revuelo que el gesto del héroe causó entre los invitados: un susurro por aquí, otro por allá, los abanicos...

Chocolate amargo

Chocolate amargo

El aire viciado de la corte la hacía añorar con intensidad la dulzura de aquel valle perdido, de aquel asentamiento cálido al otro lado del mar, que sabía acariciar con pregones y batir de abanicos. La taza de chocolate le quemaba la mano, aroma a cacao que la transportaba al traspatio de la casa materna, al perfume seductor bajo los mangos en encuentros furtivos. Vaciar con pulso tembloroso el veneno en la taza y regalarse un último recuerdo del sudor del mulato en su piel. Hacía tres meses que su sangre no bajaba.