Creo que un buen libro de ciencia social es el que no da respuestas definitivas, sino que abre caminos para mejorar y afinar nuestras preguntas de su tema y otros más que lo atraviesan. En este sentido el libro Postsecularismo y la religión vívida es un libro de interés para mucho más que la religión. Por ejemplo, este libro es un material de discusión acerca de expresiones contemporáneas de la ciencia social en inglés que todavía no han tenido adecuada entrada en el mundo hispanohablante en general, y en el mundo académico venezolano en particular. El artículo “Ateos sardónicos y evangélicos tontos” de Rick Moore, por ejemplo, en lugar de retrotraerse a la filosofía como punto de origen de su idea y definición de humor, opta por presentarnos lo que se ha hecho desde la tradición interaccionista en la perspectiva de Gary Alan Fine o desde las derivaciones de la obra de Norbert Elias planteadas por Gisenlide Kuipers. No elige ignorar lo que se ha venido haciendo durante décadas en ciencia social sobre el tema sino presentarlo y desde allí hacer su planteamiento.
Esto que esbozo se expresa mejor al notar que los sospechosos habituales de la sociología a la que los estudiantes están acostumbrados, con la excepción de Goffman, no tienen casi peso ni aparición en este libro. Esta obra al ser contemporánea también resulta extemporánea a la academia en la que se produce. Para cualquier estudiante interesado en escapar un poco de los márgenes rígidos de las lecturas reiteradas, de los Bourdieu —quien además no aparece aquí con La distinción sino con “Bosquejo de una teoría de la práctica”—, los Giddens, los Habermas —cuya única referencia en el libro la hacen los coordinadores—, los Bauman, los Berger y los Luckmann —aunque sí aparece “El dosel sagrado de Berger”—, aquí encontrará un refugio. Y quizás será sorpresa que el libro tiene la osadía de incluir a mujeres entre los “los”, así como su nutrida presencia en la bibliografía.
Una lectura, como vemos, alejada de los clásicos, de los textos canónicos y con presencia bibliográfica amplia y diversa, resulta de interés para abrir la discusión de cómo estamos entendiendo a la ciencia social contemporánea, aunque sea solamente en su expresión norteamericana —y en algunos casos más que de expresión norteamericana sería adecuado hablar de su expresión en inglés—, en la que el imaginario se amplía y flexibiliza y con ello podemos hacernos preguntas mirando a comunidades religiosas sobre aspectos que no son exclusivos de la religión. Una ciencia social que no necesita apelar a la filosofía ni a sus momentos fundacionales para hacerse preguntas interesantes o de interés social y que abre la oportunidad a los estudiantes de conocer lo que está por fuera de las lecturas de siempre. Me atrevo a proponer que este libro ayudará menos al que efectivamente quiera estudiar sociología de la religión, que a el investigador curioso, quien encontrará allí recursos variados e inesperados.





