Hace unos años, en la segunda mitad de la carrera, cursé una materia electiva. Se llamaba Backstage: Circuitos alternativos de la música caraqueña. La impartía quien era el jefe del departamento de Teoría Social, Diego Larrique. Pensé que la materia se enfocaría nada más en música, pero no fue así. En cambio, el profesor propuso un espacio para pensar y conocer aquellos espacios y situaciones de la capital que, estando fuera de lo convencional, generaban y difundían cultura.
Esa materia fue importante por varias razones. Fue una de las últimas que vi de manera presencial antes de que el COVID llegara a nuestras vidas e hiciera lo que conocemos. También fue un espacio que, en retrospectiva, me ayudó a tener una mejor idea de los intereses culturales y sociológicos que desarrollaría mejor más adelante, acercándome por primera vez a uno de los conceptos que más he usado en los años post-pandemia: circuito cultural.
¿Qué entendemos por circuito cultural?
Podemos acercarnos a la idea del circuito cultural de varias maneras. Por un lado, podemos entenderlo como una experiencia vivencial, y ver un circuito cultural como una red conformada de distintos espacios y actividades cuyo propósito es distribuir, difundir y disfrutar la cultura. Hablamos de un campo constituido por distintos agentes (individuos) y entidades que cumplen funciones específicas en el proceso de producción y recepción de bienes culturales, como la creación, distribución, consumo y crítica, además de la formulación de políticas que promuevan e impulsen la gestión cultural de un determinado lugar.
Además de verlo como algo que se vive, el circuito cultural es también un marco teórico que nos permite ver y analizar los procesos de gestión, distribución y recepción de bienes culturales tangibles e intangibles, y también cómo la interacción de dichos bienes entre ellos y con los consumidores/creadores impacta en los procesos de significación y resignificación socioculturales, así como en la construcción de identidades sociales y colectivas.
El término «circuito» me ayuda a referirme a un tipo de relación flexible, espontánea y dinámica. Los circuitos culturales cambian, aparecen y desaparecen a medida que las instituciones, agentes e intereses culturales se transforman. Hablar de «sistemas» presupone una disposición más sólida y estructurada de las prácticas culturales, así como una vinculación más consistente en el tiempo entre las instituciones y agentes.
Un intento de clasificación
Ejea Mendoza (2012) propone una clasificación de los circuitos culturales basada en los valores sociales, políticos y económicos en juego, así como en los actores individuales y colectivos que participan y la intencionalidad que los motiven a ello. A partir de esto, él establece tres tipos de circuitos culturales: comerciales, comunitarios y artísticos (p. 200).
Antes de ver una a una las diferencias entre estos circuitos culturales, vale aclarar que puede haber puntos en común entre ellos; que un tipo específico de circuito cultural puede tener características de los otros dos, y que tanto agentes como instituciones pueden participar en más de un circuito según las acciones que realicen, sus relaciones y propósitos.
Circuitos culturales comerciales
Estos circuitos están caracterizados por buscar la ganancia económica y la recuperación de la inversión inicial, aunque puede no ser el único objetivo que persigan.
En este esquema, los bienes culturales son entendidos como «mercancía» y no son hechos principalmente para generar un placer estético, sino con fines funcionales. Además, estos bienes se producen y distribuyen en masa para llegar a la mayor cantidad posible de personas y aumentar las oportunidades de compra.
Circuitos culturales comunitarios
Hablamos de espacios impulsados por el desarrollo de un bien tangible o intangible que refuerce la identidad de una comunidad específica, o fortalezca su desarrollo, integración, o simplemente impulse el ocio.
Los bienes culturales no se validan de manera económica ni tampoco artística, sino internamente, en la comunidad donde se originan. Ellos tienden a crearse de forma privada, sin la necesidad de contar con amplios recursos materiales o económicos.
Circuitos culturales artísticos
El principal propósito de estos circuitos culturales es contribuir al panorama de las artes en un lugar determinado o en una serie de disciplinas, todo mediante la exhibición, crítica y adquisición de los trabajos hechos por artistas.
En teoría, los bienes producidos en este circuito no están dirigidos al consumo masivo, sino a un grupo de personas con la formación suficiente para percibir la idea detrás de cada obra y su correspondiente ejecución. El éxito de los bienes está determinado por el juicio de los supuestos expertos o conocedores de arte.
Algunos ejemplos de circuitos culturales en Caracas
Como la capital del país, Caracas es una ciudad que ofrece eventos y espacios culturales a quienes la habitan y decidan recorrerla para descubrir sus oportunidades. Estas actividades y lugares forman parte de determinados circuitos culturales o, en algunos casos, son circuitos culturales en sí mismos.
En el caso de las rutas nocturnas, hablamos de circuitos culturales comunitarios con elementos de circuitos artísticos y comerciales; Retromarket es un circuito principalmente comercial con elementos artísticos, y lo mismo sucede con las librerías que mencionaremos ahora. Por su parte, las galerías conforman un circuito cultural artístico con ápices del comercial en tanto las obras expuestas pueden ser vendidas.
Rutas nocturnas
Se trata de uno de los formatos de evento más llamativos de Caracas. De fondo, son iniciativas que empiezan de finales de tarde hasta altas horas de la noche en un determinado lugar de la ciudad y que aglomeran distintas actividades más pequeñas. Incluyen espacios artísticos, recreativos, de consumo, y más. En esencia, son circuitos culturales esporádicos, articulados para una ocasión puntual por entidades y personas que existen y conviven fuera de dicho circuito.
Hay tres eventos que usan este concepto de ruta nocturna. El más importante es Nocturneando, un proyecto de la alcaldía de Chacao que se realiza en la urbanización Los Palos Grandes o en las calles del casco histórico del municipio según la edición. Nocturneando ofrece una programación cultural y recreativa para los vecinos del municipio y otras zonas de Caracas con bazares, talleres, conciertos, y distintas expresiones artísticas.
Un evento similar y que también se organiza en Chacao es el aniversario de Los Palos Grandes, que se realiza anualmente el último sábado de cada junio. Cada edición se organiza principalmente entre los vecinos del sector con apoyo de la alcaldía e instituciones externas, y permite a los caraqueños conocer los comercios de la urbanización y disfrutar actividades protagonizadas por los propios vecinos o personas de fuera.
El formato de ruta nocturna se da también en el municipio de Baruta con CaminARTE, una iniciativa que integra la participación de artistas y proyectos pequeños con la participación de los comercios de la zona y presentaciones musicales de solistas o agrupaciones de larga trayectoria. A diferencia de los eventos anteriores, CaminARTE le da mucha más relevancia a los artistas y creadores independientes en disciplinas como pintura, performance, danza, literatura, música, y mucho más.

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Retromarket
Retromarket es un evento itinerante donde artistas independientes se encuentran para conocerse y generar nuevas ideas, al mismo tiempo que visibilizan sus propios proyectos, emprendimientos y trabajos dentro de la comunidad artística y hacia el público general. Cada edición incluye muestras de arte, música en vivo, venta de ropa de segunda mano, actividades de consumo, y más.
Al igual que las rutas nocturnas, cada edición de Retromarket constituye un circuito cultural propio a medida que se desarrolla. Los artistas crean y comercian objetos culturales en el momento para sus colegas o las personas que asisten al lugar. Estos procesos, junto con otros, conforman un ecosistema creativo temporal, pero cuyos efectos perduran en la evolución de los proyectos e individuos que le dan vida.

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Una de las características clave de Retromarket es su enfoque hacia la cultura alternativa. De una manera u otra, los proyectos y artistas desafían las normas, procesos y percepciones artísticas y culturales de los espacios convencionales, dícese museos y galerías, proponiendo otras maneras de crear y de consumir bienes culturales, sean materiales o inmateriales.
Librerías
Las librerías son espacios culturales por excelencia. Además de ser los principales lugares donde los autores ponen a disposición sus obras para los lectores, y ellos descubren los siguientes libros que conformarán sus bibliotecas personales, ellas organizan distintas actividades, lo que convierte a cada una en un circuito cultural por cuenta propia.
Una de las librerías con mayor visibilidad en los últimos meses es El Cuervo. Inaugurada en 2024 en el pueblo de El Hatillo, Librería El Cuervo se presenta como un espacio marcado por elementos góticos y victorianos donde las personas pueden encontrar distintos tipos de libros, desde clásicos latinoamericanos y universales hasta literatura contemporánea. Desde hace unas semanas, la librería organiza encuentros de lectura algunas noches a la semana con vino incluido.
Otra librería interesante es La Gran Pulpería de Libros Venezolanos, ubicada en el extremo de Chacaíto del bulevar de Sabana Grande. Conocida mejor como La Pulpería del Libro, esta librería tiene aproximadamente 3 millones de ejemplares de libros repartidos en sus pasillos aparentemente sin fin, pero también tiene obras de autores extranjeros tanto en español como en otros idiomas. El lugar organiza conversatorios, soliloquios, recitales y otras actividades de interés cultural. Hasta dónde sé, es la librería con la mayor cantidad de libros en el país.

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El Museo del Libro Venezolano se fundó en 2024. Desde entonces, ha organizado ferias de libros, conversatorios, talleres de lectura o manualidades, y otros tipos de eventos dirigidos a lectores y no lectores. Actualmente tiene dos librerías, La Greca Café y Libroria. Como su nombre sugiere, la primera se presenta como un café literario donde las personas pueden comprar libros y tomar un café en el proceso. Aun así, la librería principal del museo es Libroria, con aproximadamente 10.000 ejemplares. El museo está en Las Mercedes.
Galerías de arte
Como su nombre sugiere, hablamos de lugares dedicados a la exhibición de piezas artísticas. Por un lado, son sitios donde los artistas reciben reconocimiento y aumentan su prestigio social y cultural al presentar sus obras, pero también donde el público especializado o general puede apreciarlas y experimentar distinta experiencias sensoriales o estéticas. Más allá de otros medios de financiación, las galerías se sostienen con parte del dinero que genere la venta de una obra o serie de obras por parte de los coleccionistas.
Cerquone es una galería especializada en propuestas de arte moderno y contemporáneo. Cada tres-cuatro meses organiza exposiciones en su sede principal de La Castellana u otros espacios de la ciudad (UCAB, CCAM, Caracas Campus) para impulsar la difusión de los artistas y de la galería como tal. Además de su sede de La Castellana, Cerquone tiene otra sede en Madrid, que suele presentar exposiciones distintas a las de Caracas.

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Art Killers Gallery se encuentra en Los Dos Caminos, específicamente en la zona de Sebucán. A diferencia de Cerquone, esta galería se especializa en la exhibición y difusión de propuestas alternativas (Industrial Art y Street Art), así como en trabajos de arte pop influenciados por las corrientes anteriores. Más allá de esto, sus obras siguen estando disponibles para la compra.
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Cada persona construye un circuito cultural propio en tanto se relaciona con distintos espacios, eventos, instituciones y agentes a fines con sus preferencias. Con el tiempo, integramos estos circuitos culturales en nuestras trayectorias personales y en la relación con el lugar que habitamos, convirtiéndolos en puntos de referencia para aterrizar nuestra existencia en el mundo.
Tener presente el concepto de circuito cultural nos permite también comprender la diversidad de las manifestaciones culturales y cómo un mismo fenómeno puede adoptar distintas formas dependiendo del circuito en que desarrolle. Por ejemplo, el jazz empezó como manifestación cultural de un grupo reducido de personas, los esclavos del sur de Estados Unidos (circuito comunitario); luego se empezó a comercializar como un producto de masas por el empuje de las grandes discográficas (circuito comercial), y llegó un momento, hacia los sesentas, donde devino en jazz progresivo, volviéndose un género basado en la experimentación y la búsqueda de nuevas formas musicales (circuito artístico).
Por último, transitar y habitar los circuitos culturales con el concepto en mente nos ayuda a entender mejor los procesos que suceden delante de nosotros, así como sus especificidades y las de las instituciones e individuos que los habitan y construyen. Además, es bastante útil para comprender por qué un determinado grupo de personas participa y convive en ciertos espacios y no en otros. Posiblemente, ellos encajen más con los valores y sensibilidades en juego de un determinado circuito cultural sobre otro.
Bibliografía
Ejea Mendoza, T. (2012). Circuitos culturales y política gubernamental. Sociológica (México), 197-215. Recuperado el 16 de julio de 2025, de https://www.scielo.org.mx/pdf/soc/v27n75/v27n75a7.pdf





