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Deshacerse es permanecer en la palabra. Poemas inéditos de Marvella Correa

Anthony Alvarado Por Anthony Alvarado
11 marzo, 2023
en Poesía
7

“…nacerán de Ti
para fundarnos
tierra de promesas.”

Marvella Correa

Marvella Correa nació en la población de Zea, estado Mérida, el 17 de agosto de 1949; y muere el 31 de marzo de 2016 en Costa Rica. Estudió Educación en la Universidad de Carabobo, posteriormente llega a La Cruz de Taratara (Edo. Falcón, Venezuela) y se residencia en Coro a partir de 1973, cuando asume la Secretaría de Cultura del estado, que luego se refunda como Instituto de Cultura del Estado Falcón con el apoyo de Dámaso Ogaz, quien venía de trabajar en el Instituto Universitario de Tecnología Alonso Gamero (actualmente UPTAG). Correa se había desempeñado en la Coordinación de Actividades Culturales del liceo donde ejercía la docencia, cuando dirigentes copeyanos (acotando que la poeta nunca militó en ningún partido) le ofrecen ocupar la oficina de cultura, puesto que vieron en ella una “mujer luchadora, bastante guerrera”1. Poco antes de la llegada de Correa, esta secretaría era dirigida por Atilio Storey Richardson, poeta zuliano venido del grupo Apocalipsis (autor del libro “Vino para el festín”, cantante y pianista) y del que se desconocen mayores detalles sobre su labor.

Correa comienza desde el instituto una labor editorial, cultural y de promoción de los valores artísticos del estado Falcón. Se organizan exposiciones, talleres, charlas, foros. Se publican libros, revistas, folletos, plaquettes, en alianza con otras instituciones educativas y universitarias, en apoyo a los nuevos creadores estimulándolos con muestras artísticas. Después de la administración de la poeta asume Marlene Dorantes, pero esta larga historia sobre el INCUDEF sobrepasa los límites de este breve artículo, otros más diestros la acometerán con mejores intenciones y mayor perseverancia.

El trazo fugaz de Marvella Correa

Sus libros comienzan a ser editados en los años ‘90 del pasado siglo, llamando la atención de diversos críticos en el ámbito nacional. “La simiente constante”, “Nombre de luz”, “En la espesura de los cuerpos”, “Entre mieles”, “Lugar de ausencia”, “Ofrendas de la caza”, “Hablas del silencio”, entre otros; se convierten en objetos artísticos elaborados por destacados pintores y diseñadores. Además de escritora, en Correa se destaca una pintura intimista, casi infantil, donde la ternura sombría trae al presente la memoria de la niñez y los afectos familiares. La niña que vive dentro de sí pugna por salir y manifestarse a través de colores parcos, ocres, oscuros, dorados o amarillos que intentan ser contraste dentro de la (ti)niebla. De poesía breve, pero de gran profundidad y alcances metafísicos e incursiones espirituales bastante arriesgadas, lirismo decantado, sutil, confeccionada con rigurosidad artesanal; su verbo es carne desgajada, su verso es de una finura que raya la perfecta sutileza del vuelo.

Ahora bien, en labores de conservación en la biblioteca del poeta Rafael José Álvarez, ha sido hallado un opúsculo mecanografiado cuya autoría pertenece a la poeta Marvella Correa. Se ignora el origen de este texto. La primera testigo, la señora Faridy de Álvarez, desconoce su procedencia y finalidad. Amigos cercanos y conocidos de la obra de la merideña tampoco han escuchado de éste. Al parecer estuvo perdido en el tiempo, traspapelado en los archivos del poeta de los duendes. El ejemplar es una plaquette mecanografiada, con manchas café como ilustración de la cubierta, letras escritas a mano en lo que parece ser acuarela; consta de una cartulina doblada sobre sí que guarda un manojo de poemas sujetos por un grillete y al fondo un breve trozo de papel artesanal color marrón claro y pecas café, blancas y ocres. Corresponde a éste el título de “Tierra de promesas”, este ejemplar contrasta con el acabado de las ediciones ya citadas, se presume que haya sido un manuscrito dado en revisión por Correa al poeta Álvarez. En los poemas se nota el trabajo que llevaba a cabo al momento de tallar el verso hasta lo esencial diciendo más con un mínimo de palabras.

Una tierra en el olvido

El conjunto mantiene una unidad temática y estética, temas como el silencio, la sensualidad, el amor, el erotismo, la trascendencia del espíritu, se dispersan por todas sus páginas. Es posible reconocer el lenguaje representativo de la poeta, con sus cadencias y la disposición formal de los versos. Se puede percibir en la voz de la poeta ciertas ideas coincidentes con la ensayista Hanni Ossott, sobre todo cuando el cuerpo es elemento primordial de la poesía y el silencio es manifestación ineludible de la palabra. Rodea, busca bordear el cuerpo, encallar en las costas del deseo, permitir que el otro se acople a la carne para perecer en el goce, “donde el hombre es sensualidad participa del espacio de la muerte en la medida en que todo conocimiento se anula en el no-saber”2. (Ossott: 1979:15).

De este modo, Correa propone también una muerte en el placer, un trance de lo corpóreo a lo inmaterial, versos donde la carne abierta se inmola y cumple su propósito de trascender el espíritu, de arrojarlo a un más allá posible.

“pretendo lo absoluto del silencio
dispersa soy respiro entre tus poros
descanso de conciencia en la osamenta”.

La palabra es angustia por expresarlo todo, es rigor por alcanzar la voz primordial, y en la merideña se vuelve fogonazo en la visión que se detiene sobre los despojos del lenguaje, donde “voraz de la palabra me atestiguo/ residuo inminente de otras voces”. Este desciframiento viene del saber y al mismo tiempo desconocer lo memorizado, “lo desmesurado de la poesía es que restituye al hombre la posibilidad de vivir el misterio y el éxtasis, por ella somos devueltos también a la memoria del cuerpo”, (Ossott, 1979:21). La misma Ossott refuerza esta noción: “Palabras: costras duras, esqueletos-soporte para que el mundo no desfallezca en esplendor o disolución”. (1979:19). En Marvella Correa, la palabra es cuerpo, el cuerpo tiene signos, heridas, cicatrices, queloides, vestigios de la existencia, puertas hacia nuevos significados.

“vuelves a tu carne
      animal del despojo
      lames en la arcilla
      la palabra salobre que
      te nace”

¿Puede el cuerpo amado detentar la vida, soplarla y hacer que se anime? ¿Puede, incluso, oír el silencio mientras posee al otro? La mudez postcoital es umbral del desencuentro, por eso niega la palabra o la intenta extraer del ser. Correa parece perseguir esa conjunción y atrae al amado con insinuaciones deísticas, lo hace sombra de lo sagrado.

“Nada despertará
          sin que lo nombres
          Todo es silencio
          que dice y Tu
          el oyente”

En la poética de la merideña el cuerpo es afirmación, símbolo, certero desafío al ejercicio de la palabra; a través del cual emergen líneas contradictorias, imágenes que por oposición alcanzan a definir un estado de ánimo, un sentido que se entrega al caos desbordado del cosmos, donde “un solo cuerpo te abarca”. Y parece ser que al afirmar el cuerpo, éste se encuentra más cerca de trascender, de alcanzar cimas espirituales más altas surgiendo de la nada, del silencio, del no-ser. Esta ansia de pertenecer nada más que a la carne, de sentir todo el placer y todo el dolor, de probar cada sabor, de apreciar cada olor, de percibir cada sonido, de aferrarse al cuerpo del otro, forja en sí una poesía desollada, sin ripios retóricos, donde el paso de la Nada al Todo es tan sustancial, tan natural, como la luz atravesando el follaje.

“El tiempo que se nombra
	     es pertenencia
	     suceso en el
	     reposo de la
	     Nada”.

Ordenar el mundo a través de la palabra, ese parece ser el sino contradictorio del poeta, subyugado, sumiso, se yergue en creador de mundos, de nociones, de conceptos; esa tarea que aparenta ser inabordable es asumida con toda la responsabilidad en la palabra. El artesano sabe que solo despojándose de lo que es podrá ahondar en sí mismo. La voz de Correa posee esta condición, que recorre cada fragmento de su piel, que luego y en su lugar el ánima lo llena todo.

“Me digo
           y soy entre tus hablas
           la Nada que se dice
           la palabra”.

Silencios, palabras, sensualidad, trascendencia, erotismo, el amado, el cuerpo, el éxtasis, el dolor, la espiritualidad, temas que no dejan de ser motivos para la poeta Marvella Correa y que se encuentran en todos sus libros, como si la poesía fuese camino para merecer lo sagrado. En el recorrido por estos versos hallamos cierta aspiración de la poeta por tocar todo y, simultáneamente, deshacerse en el mundo a través de los sentidos, de diluirse en el aire, de desmoronarse en la tierra, de disolverse en el agua, de no tener cuerpo sino para la divinidad, de alcanzar la Tierra de Promesas.

Coro, 6/2/2023

 Referencias:

1.- Entrevista sobre Dámaso Ogaz realizada por Anthony Alvarado a la poeta Marvella Correa en 2005.

2.- Ossott, Hanni. “Memoria en ausencia de imagen. Memoria del cuerpo”. Editorial Fundarte. Caracas, 1979. 141 pp.


Tierra de promesas (poemas inéditos)

Por Marvella Correa N.

“Allá, donde terminan las fronteras,
 los caminos se borran. Donde empieza el silencio.
Avanzo lentamente y pueblo la noche de estrellas,
de palabras, de la respiración de un agua remota
que me espera donde comienza el alba”.

Octavio Paz
Cuando la mirada pierde al ave
	  Toda vertical se vuelve sombra
	  todo signo resuena en tus entrañas
	  voraz de la palabra me atestiguo
	  residuo inminente de otras voces
	  cuando la mirada pierde al ave
	  levito en el poniente de los sueños
	  asciendo al lugar de los olvidos
	  pretendo lo absoluto del silencio
	  dispersa soy respiro entre tus poros
	  descanso de conciencia en la osamenta
Animal dormido
	  viajero incansable del
	  único camino infinito
venido de lo hondo
	  te quedas alas
	  te vuelves vuelo
existencia
	  sin sed y sin hambre
  eres vida
Sin Ti
          nada acontece
          nada borra El Principio
          nacerán de Ti
          para fundarnos
          tierra de promesas
Espera
	y canta tu aleluya
	si alguna vez una
	de tus noches
	no amanece
Un solo cuerpo te abarca
      te abraza flor
      te duele espina
      hoja es tu ojo vegetal
      levitando
      asiéndote a la Voz
      Todo en tu Nada
      vuelves a tu carne
      animal del despojo
      lames en la arcilla
      la palabra salobre que
      te nace
Nada despertará
          sin que lo nombres
          Todo es silencio
          que dice y Tu
          el oyente
Para el decir
         has de sacrificar tu
         lengua a los venados
         mientras llega el sol
         que no te alumbra
Invoca tu luz
	descifra el
	silencio de
	la aurora
Oigo
       el silencio del árbol
       sembrado en mis ojos
       diciéndose en mí
El silencio en mi ahora
	       es semejanza
visión de pertenencia
	       sin ser nada
resonancia infinita
	       del Ser Nada
Lugar
        certeza de la Nada
        morar como oración
        morar la Nada
Mi nombre va sin mi
	       y a él responden
	       yo en cambio soy
	       presencia de tu Nada
Silente
         es la conciencia
         de la Nada
El tiempo que se nombra
	     es pertenencia
	     suceso en el
	     reposo de la
	     Nada
Me digo
           y soy entre tus hablas
           la Nada que se dice
           la palabra
Foto de Fernando Acosta

Etiquetas: Anthony Alvaradoinédito VenezuelaMarvella CorreaObra inéditaPoesía de VenezuelaPoesía Venezolanareseña de poesía
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Comentarios 7

  1. María Elvira Gómez says:
    3 años hace

    Magnífico hallazgo, Anthony !! Gracias por compartirlo !

    Responder
  2. Luis José González Castillo says:
    3 años hace

    Descripción interesante de la poeta.
    Acordé a la sensaciones de las poesías expuestas.
    El artículo aporta al desarrollo de estilos.
    Excelente.

    Responder
  3. Román Duque Corredor says:
    3 años hace

    Un valor literario que merece ser reconocido y difundido. Sus poemas son toda una creación más allá de inspiración. Sentimiento positivo y de estímulo. Su obra merece ser recopilada y ser homenajeada.

    Responder
  4. Maylen Sosa says:
    3 años hace

    Muy bueno Anthony, has encontrado un texto muy valioso de Marvella, abrazos.

    Responder
  5. Carlos Ochoa says:
    3 años hace

    Lá nada en la brevedad es una eternidad, recuerdo a la poeta en su etapa de estudiante de la Escuela de Edicación de la Universidad de Carabobo, creo que fue otro poeta, Carlos Sánchez quien nos puso en contacto, no llegamos a desarrollar una amistad, pero si compartimos café y lecturas de poetas, pasó mucho tiempo en que no tuvimos contacto hasta que me hizo llegar uno de sus libros, en el cual encontré una voz que me agradó, supe de su actividad como gerente cultural y docente, hablamos por teléfono un par de veces con mucha emoción, luego me enteré de su partida en Costa Rica, recordé la brevedad de sus textos y la extendí al infinito.

    Responder
  6. Pedro Felipe Sierra Graterol says:
    3 años hace

    Marbella fue una poetisa qué ancló en éstas tierras y supo adaptarse a ella, pudiéramos decir, sin riesgo de equivocarnos, qué la mayoría de su creación literaria las construyó desde las soledades de la Ciudad histórica, qué tanto amo. Cuándo decide partir, no fue a otro terruño nacional, sino qué el destino le tenía reservada su última estación en el centro de dos océanos. Sus poemas es un conjunción de lo existencial y la aldea qué tanto amó.

    Responder
  7. Mariana Chirino says:
    3 años hace

    Que bueno Anthony, que bueno que tu agudeza poética y literaria encontrarán este poemario tan valioso de Marvella Correa

    Responder

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